Cuentos - El hijo del Doctor

¡Ring! Sonó el teléfono en casa de Audrick, éste se levantó, descolgó y con una voz elegante, aunque tímida, dijo:
- ¿Sí?
.        .        .
 
Era una angosta carretera de un solo carril. A ambos lados se hallaban dos frondosos y tenebrosos bosques que sólo pueden encontrarse en la más terrible de las pesadillas. Audrick se preguntaba ¿por qué le había llamado? <<No quiero volver a verte>> recordaba con claridad lo que le había dicho hacía ya 5 años. Sin embargo y aunque habría podido decir que no iría, estaba conduciendo en su viejo Chevrolet a través de la lluvia, a través de aquella espesa niebla que amenazaba con provocar una colisión en cualquier momento, además sufría en sus carnes el frío del crudo invierno de 1975 y a pesar de todo seguía conduciendo. Talvez la palabra odio no fuera la más correcta para definir lo que sentía hacia el inquilino de esa casa, o tal vez lo que sentía hacia los otros ocupantes. Sea como fuere ya había llegado. Apagó el motor y miró por última vez la tenue luz de aquellas ventanas para, un minuto más tarde, disfrutar de la calidez de esa mansión y pelearse de nuevo con él. << ¿Qué querrá esta vez?>> volvió a preguntarse Audrick y sin entretenerse más llamó al timbre.
 
La vieja puerta de madera de roble se abrió ante él. El carismático olor de aquella casa le llegó a la nariz evocándole bellos recuerdos de infancia.
-         Señorito Audrick, es un placer volver a verle- dijo alguien desde la puerta. Era Ania Ivanaska. Ania era la criada de la casa, llevaba sirviendo a sus inquilinos desde que Audrick tenía memoria. De origen ruso ella medía metro sesenta y era tremendamente delgada. Tenía una larga cabellera blanca que llevaba recogida en un elegante moño, sus ojos azul grisáceos, ?Más bellos que el propio Sol? como solía decir Audrick, tenían la profundidad de la experiencia que otorgan los años, años que no habían pasado en balde para Ania. ? Pero señorito Audrick no se quede allí fuera con el frío que hace. Él, obediente, entró y entregó su chaqueta, empapada, a Ania. Avanzó a través de la lúgubre oscuridad del pasillo, que llevaba al salón, observando las tétricas figuras esculpidas en las columnas de madera. Finalmente llegó al salón. Audrick quedó asombrado del deplorable estado de la habitación en la que tantos años atrás había jugado. Ese inmenso salón apenas estaba iluminado por 4 lámparas eléctricas y la chimenea en la que apenas quedaban las brasas. A la luz de estas estaba sentada su madrastra, Sara, leyendo un libro. Ella era muy joven, en comparación a los demás inquilinos de la casa, tenía apenas 45 años. Era rubia y de ojos azules, no era mucho más bajita que Audrick y siempre tenía una sonrisa para su hijastro.
-         Mamá- exclamó él y corrió a abrazar a su madrastra.
-         Cariño, llámame Sara que ya sabes que a la abuela no le gusta que?
-         ¡Mi querido Audrick! Veo que has vuelto -  exclamaba, su abuela, a su espalda, mientras soltaba las viejas agujas de ganchillo y cogía el bastón. Ella tenía un cierto parecido a Ania pero era más vieja y descuidada. Tenía los ojos de color negro noche y su pelo, blanco, estaba sucio y despeinado. ? Ven aquí para que pueda darte un beso.
-         ¿El señorito tomará alguna bebida?- dijo Ania desde la puerta que conducía a la cocina.
-         No, gracias Ania- dijo Audrick mientras se separaba de su abuela que no tenía intención de dejar de abrazarlo.
-         Vaya, vaya, vaya ¿A quién tenemos aquí? Sí es el desaparecido Audrick Frentzen. ? Éste se giró inmediatamente. Conocía perfectamente  ala persona que había dicho eso, su fría voz, su tono de prepotencia?
-         Padre, es usted- dijo Audrick mirando con desprecio al hombre que había apoyado en lo alto de la barandilla de la escalera principal.
-         Lamento interrumpir está entretenida conversación, veo que los años han pasado para todos menos para ti, hijo mío- dijo el padre de Audrick mientras se rascaba la barbilla. Tenía barba de tres días y la cara bastante sucia. Sus facciones más bien cuadradas  se veían acentuadas por la grisácea barba y la suciedad. Además su pelo, de un castaño intenso estaba enredado y era largo. Llevaba una bata de lana y de cuadros rojos. Sostenía además una copa de Brandi mientras esgrimía una mueca de superioridad. 
-         Cariño, tanto tiempo sin ver a tu hijo y no te has arreglado ? dijo Sara mirando a su marido
-         No te he pedido tu opinión, mujer.- sentenció él en un tono cortante.
-         Por favor tengamos la fiesta en paz ? dijo la abuela desde su sillón. En él, y con esa intimidante presencia parecía más vieja y demacrada que nunca.
-         Sra. Spencer no se meta en está discusión- dijo él, está vez en un tono más frío.
-         ¿Por qué me has llamado?- dijo Audrick interrogando a su padre con la mirada.
-         La paciencia nunca fue una de tus virtudes, ni la educación ¿verdad hijo mío?- contestó él.- ¡Ania! ¿Está listo mi baño?
-         Sí, señor Frentzen- dijo Ania con voz temblorosa
-         ¡ESTÚPIDA PERRA RUSA! ¿Es que esté frío te recuerda a tu patria de incivilizados gusanos? ¿Cuantas veces he de decirte que me llames Dr. Frentzen? Parece mentira que tu bárbaro pueblo consiguiera devolver la ofensiva del mejor hombre jamás nacido?.
-         ¡¿Como puede ser que tan deplorable cerdo haya llegado a ser Doctor?!- dijo Audrick con ira.
-         Jajajaja-rió siniestramente- Ni tú, hijo mío, ni ninguno de los presentes tiene capacidad para llegar a entender la grandeza de mis pensamientos. ? En ese momento intercambio una mirada con Audrick. Sus ojos grises se clavaron acusadores en los verdes ojos de Audrick que mostraban un brillo similar al del fuego. Ese era el fuego de la ira y no sabía cuanto tiempo podría contenerse.
-         Y?Mary, ella si te entendía. Mi hija te entendía. Hace mucho tiempo que no nos reunimos todos, ¿no podríamos parar de discutir?- dijo la Sra. Frentzen esta vez llorando
-         Si su hija me comprendía es por qué no heredo de su madre la lacra del judaísmo y con ese tipo de gente yo no tengo la fiesta en paz. Si me disculpáis iré a ducharme porqué después de veros estoy sucio.- les dio la espalda y entró en su cuarto.
-         Alguien tendría que darle su merecido a ese?.- Audrick se contuvo el insulto, pues aunque no amará a su padre no tenía nada contra sus abuelos paternos.
-         Si me disculpáis, he de ir a hacer una llamada- dijo Sara que corriendo subió las escaleras y se metió en la habitación del teléfono al final del mismo pasillo que la habitación del Dr. Frentzen.
 
La tormenta que había fuera era cada vez más intensa. Audrick estaba sentado, pensativo, en la vieja silla de nogal y terciopelo rojo de su padre. Frente a él estaba la Sra. Spencer que melancólica seguía haciendo ganchillo. En el piso de arriba Sara hablaba por teléfono y se la oía llorar cada cierto tiempo. Desde lo lejos también se oía una radio, cuyo ruido procedía del baño donde el señor Frentzen estaba bañándose. En la cocina Ania preparaba una apetitosa y abundante cena.
 
La puerta del cuarto de baño del Doctor Frentzen se abrió.
-         Ah, ¿eres tú?-dijo él. La persona que acababa de entrar se acercó a él.-¿qué quieres?- La luz saltó
 
-         Está maldita tormenta?.No se muevan, voy a cambiar los plomos.- gritó Ania desde la cocina. Ania se abrió paso a tientas por el salón y bajó al sótano. Unos minutos después volvía a haber luz. ? Sres. ¿están todos bien?- todos a excepción del Dr. Frentzen contestaron. ? Audrick puedes ir a ver si tu padre está bien.
 
-         Ahora voy Ania.
 
Audrick se levantó y subió la escalinata. Los viejos escalones de madera crujían bajo su peso y la vieja barandilla tallada con bellas formas estaba cubierta de polvo. Audrick llamó a la puerta del baño de su padre, no obtuvo respuesta.
-         Padre, voy a entrar.- dijo y acto seguido abrió la puerta. Lo siguiente que pronunció fue un grito de terror que nadie podría transcribir. Por la ventana abierta, entraba un aire muy frío, que movía las cortinas de la bañera. Bañera en la que estaba el cuerpo inerte del Dr. Frentzen. El mugriento espejo reflejaba además la cara de dolor del doctor y los azulejos inspiraban más asco y terror, si cabe, a la escena. Audrick corrió a la habitación del teléfono. Sara seguía hablando. ? Corre mamá llama a una ambulancia.
 
No llegó ninguna ambulancia, pero si llegó un coche patrulla. De él bajaron 2 inspectores, vestidos con una gabardina negra y unos pantalones de traje. Fumaban un cigarrillo y andaban con aires de grandeza. No hicieron preguntas, subieron directos al cuarto de baño e iniciaron su trabajo. No tardaron mucho en salir y pese a su actitud fría estaban nerviosos y mareados. Uno de ellos volvió al cuarto de baño y el otro fue llamando uno por uno a los sospechosos, todos los que había en la casa.
-         Sra. Spencer, ¿dónde estaba durante el periodo en el que no hubo luz?-dijo el inspector que arremangado fumaba un cigarro sentado frente a ella.
-         Aquí, junto a mi nieto Audrick- el inspector le miró y éste asintió.
-         ¿Tienes idea de quién ha sido y por qué?
-         Cualquiera, sinceramente y el ¿por qué? El Dr. Frentzen era la persona más desagradable del mundo a la que todo odiábamos, puede preguntar a cualquiera.
-         Gracias, no le haré más preguntas.
-          
Seguidamente interrogó a Audrick y a Ania y finalmente a Sara
 
-         Sra. Frentzen usted es la única que estaba sola mientras se produjo el asesinato.
-         Eso no es completamente cierto?Yo estuve hablando con una amiga y puede llamarla y comprobarlo si así lo desea
-         Así lo haremos, no le quepa duda- sentenció el inspector.
El otro hombre salió del baño y se dirigió a su compañero
-         ¿Y bien?
-          No podemos demostrar nada por las confesiones. Todos tienen un testigo visual menos la mujer joven. Pero ella tiene un testigo auditivo, una amiga que confirma que habló con ella por teléfono durante el apagón.
-         Pues en el baño no hay ninguna evidencia de quién ha sido.
-         Entonces no podemos demostrar nada. Todos tienen móvil y no podemos demostrar que nadie es encubridor.
-         ¿Y la mujer?
-         No podemos cogerlos por ningún lado, tenemos 5 mentirosos y ninguna prueba.
Ambos siguieron discutiendo un buen rato y finalmente reunieron a todos en el salón.
-         Lamento comunicarles que no hemos hallado pruebas de culpabilidad de ninguno de ustedes en el asesinato del Dr. Julius Frentzen. No obstante si hay alguna novedad nos pondremos n contacto con ustedes.
Y se fueron en el mismo coche con el que habían venido.
        .       .       .
 
¡Ring! Sonó el teléfono en casa de Audrick, éste se levantó, descolgó y con una voz potente y elegante dijo:
-         ¿Sí?
-         ¿Audrick Frentzen?
-         Si, soy yo.
-         Soy el comisario O?neil. Llamó para informarle de que el caso en el que se está envuelto ha sido sobreseído.
-         Que rápido sólo han tardado 25 años?.
-         Si es tan amble de reunirse conmigo, le entregaré las escrituras de la casa tal como acuerda la ley.
-         De acuerdo, nos vemos en la mansión, quiero decírselo a mi madre.
-         Hasta luego
        .       .       .
 
 
Audrick oyó a alguien llorar en el salón. Abrió la puerta, Sara estaba llorando sentada en la vieja butaca del Dr. Frentzen.
-         Mamá ¿estás bien?- dijo Audrick mientas pasaba una mano por su hombro.
-         No me llames así, cariño, no me lo merezco- respondió ella.
-         La abuela ya murió y tú para mí siempre serás mi madre.
Sara lloró más amargamente, él la miró fijamente secó sus lágrimas y la abrazó. Ella suspiro y armándose de valor dijo:
-         Sabes tenías sólo un año cuando te conocí. Tu madre acababa de morir y tú eras tan pequeño... Tu padre estaba hundido y te culpaba de sus males. Yo te cuidé como a un hijo y cuando creciste, a pesar de saber que no era tu auténtica madre, me trataste como tal.
-         Ya ? Audrick tragó saliva como si le fuera difícil pronunciar- Sara, yo siempre te estaré agradecido.
-         Audrick yo?.voy a contártelo todo. Hace 25 años tú me preguntaste para que te había llamado tu padre, hoy te responderé. Hacía una semana que tu padre se mostraba ausente?y una mañana llegué a casa antes de lo previsto. Tu padre no estaba sólo, pero nunca me hubiese podido imaginar la mujer que le acompañaba. Era Mary, Mary Spencer- Audrick se sorprendió- Sí, tu madre biológica ¿Confundido? Normal, tal vez esto te aclare las cosas- Sara se levantó y cogió un sobre que había encima de la chimenea, acto seguido se lo entregó.
Audrick sacó un viejo papel del sobre y empezó a leerlo
 
Querido Audrick
Cuando leas esta carta yo ya no estaré a tu lado. Me habré marchado, sí, con lágrimas en los ojos pero sin mirar atrás. Hace apenas 6 meses que has nacido y eres tan mono?Me miras, indefenso, desde la calidez de tu cuna. Me miras con la inocencia que sólo pueden mostrar los niños, incapaz de comprender que son esos moratones de mi cara.
Hijo, cuando leas esta carta tendrás 15 años, ya serás todo un hombretón. Espero que te dejes el pelo largo?con ese castaño tan bonito como el de tu padre y esos ojos verde mar de tu abuelo. Me gustaría estar allí el día que conozcas a tu primera chica, porqué en ese momento podría mirarte a los ojos y ver que no eres el indefenso niño que abandono.
Cariño, espero que lo entiendas. He de irme y ni siquiera sé si leerás esta carta. Audri, me gustaría llamarte así algún día, pero tu padre me aleja de ti.
Aunque esté en la distancia, con cada latido de tu corazón con cada paso que des, cada vez que oigas el viento ulular yo pronunciaré tu nombre en mis sueños.
Lamento que no estés despierto cuando me voy a despedir?
Te quiere
 
Mamá
 
Audrick levantó la vista llorando amargamente, ahora lo entendía su madre no murió cuando el nació. Cogió aire para hablar pero Sara levantó la mano y empezó su discurso.
-         Tal vez ya sospeches de quien quería hablarte tu padre, pero no es lo que yo deseaba decirte esta noche. Lo que quería decirte es que yo le maté. Te preguntarás por qué. Por ti, o tal vez por mí. Creí que a pesar de tener 20 años no serías capaz de asimilar que tu madre había vuelto. Hoy me doy cuenta de que la única persona que no podía asimilarlo era yo. Lo maté porqué me pegaba, supongo que a tu madre también. ¿Por qué yo no dije nada? ¿Por qué tu madre volvió tras 20 años? Ninguna mujer maltratada sabrá decírtelo nunca. Pero Audrick, por favor no llores ? a pesar de decir eso Sara también lloraba.
-         Mad?ma-empezó a tartamudear- ¡Sara! ? gritó para auto convencerse.- Yo no he venido solo?.
Detrás de la puerta estaba el comisario O?neil que sin esconder su asombro se acerco a Sara.
-         Sra. Frentzen queda detenida por el asesinato del Dr. Julius Frentzen- Sara enjuagó su llanto y orgullosa levantó la cabeza y miró al comisario- Tiene derecho a permanecer en silencio, cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra ante un tribunal. Tiene derecho a un abogado, sino puede pagarse uno el estado le asignará uno de oficio. Tiene derecho a ser reconocida por un médico. Tiene derecho a que notifiquemos su detención a la persona que usted designe?.
-         ¡BASTA!- gritó Sara
.        .        .
 
-         Sra. Frentzen ha sido acusada del asesinato del Dr. Julius Frentzen. Se ha declarado culpable y ha accedido ha declarar sin la presencia de un abogado, ¿correcto? ? pronuncio con aires de superioridad un hombre trajeado sentado en una alta silla de la sala de interrogatorios. La sala era bastante grande y sólo había una mesa negra en el medio y dos sillas. En la otra silla estaba Sara. Sentada con su habitual elegancia no parecía en absoluto nerviosa. No obstante no miraba al hombre que acaba de hablar sino al falso espejo de su derecha. Detrás de este estaba Audrick junto al comisario ambos miraban con perplejidad la escena.
-         Es cierto, dígame joven ¿qué quiere saber?- respondió Sara dedicándole una mirada bondadosa.
-         ¿Podría contarme lo que sucedió la noche del 25 de Enero de 1975?- su tono de superioridad se hizo más patente está vez.
-         Joven, tal vez le iría mejor un poco de humildad. En fin voy a contarlo todo. ? Sara se acercó a la mesa y apoyando los brazos en ella empezó a hablar. ? Todo empezó cuando Julius llamó a Audrick, yo sabía perfectamente que quería decirle y quería evitarlo a toda costa. Sin embargo no tenía tanto valor, hasta que Audrick llegó, en ese momento me decidí a actuar. Marche a la habitación del teléfono y llamé a la única persona que sabía de mis moratones, hablé con ella y me decidí a actuar. Recuerdo perfectamente que fuera había una imponente tormenta <<nadie se sorprenderá si se va la luz>> pensé. Es irónico pero aunque estaba nerviosa y tenía miedo sabía perfectamente que tenía que hacer. Entre en el cuarto de baño, estaba allí en la bañera desprevenido escuchando su vieja radio?<<¿Qué haces?>> me dijo, no le respondí y arroje la radio dentro del agua. Así de simple?aunque a mi me costó muchísimo. Levantaba esa radio con las fuerzas que me daba el odio y la rabia hacía ese bastardo y sin embargo por alguna extraña razón una parte de mí me impedía hacerlo. Gracias a Dios ganó la parte del odio. Una vez acabé con él volví corriendo a mi habitación y en cuanto la luz volvió cogí de nuevo el teléfono y llamé de nuevo. Siempre sospeche que Ania sabía que había sido yo, supongo que ella también tenía razones para odiarlo.
-         Sra. Frentzen pero ¿por qué después de 25 años ha confesado?- el hombre trajeado había perdido la frialdad. Él había trabajado en el caso durante años y había mirado el expediente en diversas ocasiones. Le asombraba como aquella anciana hablaba de aquel cuarto de baño omitiendo cientos de pequeños detalles que habían hecho que esa mugrienta habitación estuviese siempre en sus pesadillas.
-         ¿Por qué? ? Sara pareció de golpe más vieja que nunca mientras ponía una cara pensativa y preparaba su próxima respuesta.- Es curiosa, ¿no cree?
-         ¿El qué?
-         La psicología humana?un ser humano puede pasarse años queriendo a alguien que le hace daño, cuando se arma de valor le odia y actúa, luego puede pasarse años pensando que ha obrado bien y de golpe una mañana se despierta recordando aquello y vuelve a amarlo, aunque ya no pueda?Confesar?tal vez no quería llevarme mis pecados a la tumba?.
Desde la sala contigua Audrick sintió una enorme pena. No por su padre, ni por él, sino por Sara que después de tantos años en la soledad de esa casa no sabía, siquiera, que era lo correcto.

Sent by dritz Sent by dritz on 07/11/2004 at 13:30 GMT | read 86 times
Comments

Has trabajado bien la atmósfera para esta historia de corte clásico. De alguna manera es como estar viendo una película de detectives de los 60 en blanco y negro. En mi opinión habría algunas cosas a depurar: algunas expresiones, falta alguna puntuación (aunque la puntuación a menudo va a gustos), añadiría, quizá, un mayor dramatismo en ciertos momentos, como cuando Audrick lee la carta de su madre (es comprensible que llore pero al lector no le queda claro el por qué, ¿se sorprende por saber de su madre?, ¿le tiembla el papel en las manos?,...). La historia no va mucho más allá de lo que explica, pero como ejercicio está muy bien.

Comentario Sent by Xose on 08/19/2004 at 07:41 GMT
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