Die kleine Musikspieldose - Seis meses con tu ausencia

Querida Pequeña,

En tu última carta, aunque no quieras reconocerlo, he notado la intensa desesperación que ahora padece tu alma. Es normal que lo niegues: a pesar de que todos somos, en cierta medida, unos exhibicionistas sentimentales en cuanto nuestro interlocutor nos ofrece un clima de seguridad y confianza, a nadie le gusta tener sus debilidades expuestas. Y menos aún si lo que mostramos sin querer es precisamente lo que más intentamos ocultar. La piel de tu mensaje quiere verse dura, brillante, impermeable. Me hablas con optimismo de cómo has superado, con el empeño de un titán, todas las contrariedades que han jalonado en estos dos pasados años tu tormentosa existencia. No, no me malinterpretes, por favor. Son verdad todos esos logros, es más verdad aún mi regocijo por tu hazaña. No lo dudes. Pero si bien la superficie de tu discurso lógico ?y sentimental- se revela resistente, en ella he entrevisto poros, imperceptibles para cualquier otra persona, aunque rezuman y resumen el dolor y la amargura que aún residen en tu interior.

No te angusties, Pequeña. Caminas por la buena senda, tus ojos verán pronto la luz. Pero para llegar antes al buen cobijo, para llegar sin pelusas en el corazón, tienes que destilar lo que aún te duele, lo que aún no sabes bien expresar, lo que te aprisiona, sin saberlo, en tu propio confinamiento. Abre más tu corazón, confía en mí, no te avergüences de nada. La distancia que de ti me separa hace que sea más cercano mi sentimiento. Y, ¡qué carajos! te lo debo, pues gran parte de tu sufrimiento es producto de mi egoísmo, ese egoísmo que nos destruyó, que destruyó nuestro ya maltrecho amor, para dejarnos heridos en el campo de batalla. Pide lo que quieras, sabes bien que haré lo imposible por ayudarte.

Los demás bien. Todos me preguntan por ti; yo disimuladamente les digo que no sé nada, que te vi por última vez un mes antes de que te marcharas. Siguen sin sospechar nuestra despedida secreta, cuando recorrimos abrazados los trescientos cuarenta y tres pasos ?sí, los he contado-, que separan la puerta de tu antigua casa de la estación del Oeste, donde ya todos te esperaban, como bien recordarás. Te mando la última foto que hemos hecho del grupo, espero que te guste. Ellos me ayudan, sobre todo Sara, pero nadie puede aliviar ahora la sensación de vacío que ha impuesto tu irremediable partida. Es la esperanza que pongo al escribir estas cartas y la alegría de poder intentar ayudarte lo único que me deja transitar a lo largo del día hasta el arrullo de la nana que me canta cada noche el dios de los sueños. Aunque no me creas, es ahí donde cada noche te veo, te toco y, aunque me lo hayas prohibido, te idolatro.

Toby está cada día mejor, ya ha dejado de aullar por la noche. Se está acostumbrando a mi casa y un par de veces se ha atrevido a dormir a mis pies ?aunque se revuelve furioso si alguien le intenta quitar la almohada que se ha hecho con tu viejo suéter.

Tengo que irme ya. Escribe pronto por favor; sabes que lo necesito, sé que lo necesitas.

Te quiere mucho,

Tiago

Sent by Smokey Joe Sent by Smokey Joe on 12/20/2004 at 23:45 GMT | read 99 times
Comments

Ya te lo he dicho por correo y en persona. Pero hoy he vuelto a releerme tu carta (quizá debiera decirte que una de las desgracias de ser administrador del sitio es que soy absolutamente invisible a los contadores de visitas...). Estoy completamente de acuerdo contigo en tildarnos de "exhibicionistas sentimentales", pero envidentemente el estilo lo pone cada uno. Y el tuyo está muy lejos del exhibicionismo gabardinero tan de moda. Es un placer leer tu carta e intentar imaginar qué hay escondido tras las palabras de Tiago. Espero recibir otra pronto.

Comentario Sent by Xose on 01/08/2005 at 07:53 GMT

Al leer esta carta he sentido algo especial y muy distinto a lo que siento normalmente cuando leo cualquier otra cosa, por mucho que me guste. He sentido \"cosquillitas\" y he creido que podría estar escrita para mi, he dejado de creerlo en el momento en que he leido el nombre del autor, aunque no sepa quien eres. No entiendo mucho de literatura, pero si algo de sentimientos y este relato me ha provocado cosas preciosas. Me encantaría seguir sintiéndolas, depende de ti. Sigue con esto porque, en mi modesta opinión, vale la pena.

Comentario Sent by Clara on 02/09/2005 at 09:29 GMT
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